9/02/2012

2. Lo que aprendí del Mar

Corría el verano de 1969 en una playa bonaerense de Argentina. Jugaba con mis dos mejores amigos del verano cuando decidimos hacer nuestra habitual incursión aventurada al mar. La misma consistía en nadar hasta el banco de arena y volver victoriosos, casi como héroes cuando uno tiene tan solo doce años de edad. Nuestra llegada hasta el banco fue apacible, el mar estaba calmo, amistoso. Nuestro regreso a la playa fue singularmente imprevisto. Por motivos que desconozco mientras nadaba de vuelta fui tomado por una corriente de agua que me tiraba hacia adentro del mar y me impedía avanzar. En mi desconocimiento de como tratar con el mar intentaba vanamente "luchar contra la corriente". Nadaba, nadaba y me iba quedando sin fuerzas. En unos minutos mis músculos comenzaron a cansarse y me comencé a hundir. Continuaba luchando infructuosamente pero cada vez me costaba más esfuerzo sacar los brazos del agua para poder nadar, continuaba hundiéndome hasta que llegó un minuto en el que comprendí que no podría regresar y que terminaría muriéndome ahogado en el mar. Fue en ese preciso instante donde sentí una profunda tristeza, pensé: "me voy a morir siendo tan joven, que cosa terrible, no quiero morir ahora". El pensamiento se parecía más bien a un grito de desesperación que no llegaba a salir por mi boca. El mar me había vencido y me llevaría consigo. Segundos duró esa amargura ya que fue reemplazada por la aceptación de mi situación de muerte casi inminente. Lo que siguió a mi aceptación de muerte fue una de las cosas que marcó mi vida. En un segundo y sin entender porque y cómo mi Alma (yo no creía mucho en la espiritualidad en aquella época) se encontró sentado en las falda de un Ser de Luz que me contenía y sostenía como una padre sostiene a su pequeño hijo cuando está sentado en el cine. En este caso la "película" que se proyectó fue toda mi vida. Pero no era como ver una película común, esta se percibía en varias dimensiones así que podía "ver" como cada acto y palabra que había emitido o realizado actuaba en los demás. Podía sentir lo que los otros habían experimentado al interactuar conmigo. También tenía una clara conciencia del Bien y del Mal que me permitía ver con mucha claridad si mis acciones habían sido o no correctas a los ojos de lo que solemos llamar Dios. Ese Ser que me tenía en su regazo parecía saber todo sobre mi y me trataba con una ternura y un Amor que nunca había experimentado. Me mostró que lo más importante que había vivido en esos doce años era mi amistad con mi amigo Oscar. Oscar era un año más grande que yo, era el hijo del dueño de la panadería que estaba frente a mi casa. Oscar era como un hermano para mi, lo amaba casi incondicionalmente y sentía por él un gran respeto y admiración. Solía enseñarme cosas, frases, palabras, algo que yo valorizaba mucho.
Cuando termino de ver la película sobre mi vida el Ser de Luz me dice algo así (no recuerdo con exactitud las "palabras"): "Tu vida valió la pena ser vivida, aprendiste a AMAR. Porque uno viene al mundo a aprender a AMAR". Acto seguido comenzamos a subir como en un ascensor hacia lo que en la tierra creo que conocemos como Cielo. Lamentablemente hasta allí no llegué. Subíamos y era como si atravesáramos nubes que se iban haciendo cada vez menos densas y dejaban pasar más y más Luz. A medida que subíamos la sensación de Paz que experimentaba iba en aumento. Ya no quería volver a la tierra, me quería quedar junto a ese Ser que me resultaba extrañamente muy familiar. Digo extrañamente ya que no recordaba haberlo conocido con anterioridad. Lamentablemente mi viaje hacia el Cielo fue interrumpido abruptamente. Nuevamente me encontraba dentro de mi cuerpo físico pero ya no sentía que me ahogaba. Un hombre con un contextura física importante me estaba sacando del mar, ya casi llegábamos a la costa. Cuando mis pies volvieron a tocar la arena era como si hubiese aterrizado viniendo de no sé donde. No entendía nada, hacía unos segundos sentía que había muerto, que me estaba yendo al Cielo y ahora estaba nuevamente en la tierra. ¿Qué le iba a decir a mis padres y amigos? ¿Quien me iba a creer lo que había vivido?
Obviamente, en aquella época, que poco o nada se conocía de Experiencias Cercanas a la Muerte (Near Death Experiences), nadie me creyó. Pero eso creo, no era lo importante. Aquella experiencia marcó un antes y un después en mi vida. Aunque solo muchos años más tarde pude comprenderla con mayor profundidad, me dejó la enseñanza que existe un Bien y un Mal. Que si hacemos el Bien iremos al Cielo. Y lo que aquel ser que me juzgó, que hoy creo que fue Jesús, me dijo: "Uno viene al mundo a aprender a Amar".

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